El 23 de Noviembre de 1905 sale a la venta el número 204 de la revista satírica ¡Cu-Cut!.
En él aparecía publicada esta viñeta de Joan Junceda.

AL FRONTÓN CONDAL - ¿Qué se celebra aquí, que hay tanta gente? - El Banquet de la Victoria. - ¿De la victoria? Ah, vaya, serán paisanos.
Dos días después, el 25, tropas del ejército asaltaron la redacción de la revista junto con la de La Veu de Catalunya, el periódico en catalán del mismo grupo y de la misma ideología.
Este asalto dio lugar a una cadena de sucesos que desencadenó muchos cambios en España, como la creación de la Ley de Jurisdicciones, la dimisión de dos presidentes del gobierno y, en última instancia (aunque alejada en el tiempo y derivada también de otros factores) la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Pero para entender estos acontecimientos hay que situarse en el contexto político de la España de principios del siglo XX:
Las Fuerzas Armadas españolas vivían una mala época después de la pérdida de las colonias de Ultramar. La relación con la prensa estaba en uno de los momentos más tensos, especialmente con la prensa catalana. Existía un clima antimilitarista provocado por la guerra de Cuba y Filipinas, en el que la ciudadanía veía como se perdían vidas y mucho dinero en una contienda que realmente no les importaba. Eran frecuentes los asaltos de los militares a las redacciones , y la reclamación por parte de estos al Gobierno de una ley más dura y reguladora de la libertad de expresión.
En los días anteriores a la publicación de la viñeta, Cataluña vivía unas jornadas de exaltación nacionalista por el triunfo conseguido por la Lliga Regionalista en las elecciones municipales. El dibujo publicado se refería exactamente al banquete de celebración que organizó la Lliga en el Frontón Condal, y la respuesta “Ah, vaya, serán paisanos” es una clara alusión a que España no tenía nada que celebrar.
Esta fue la gota que colmó el vaso del ejército, que asaltó las instalaciones de las publicaciones vinculadas a la Lliga, quemando y destrozando todo a su paso. El conflicto incluso se extendió a las Ramblas. Al día siguiente el conflicto llegó a toda España cuando los capitanes generales de otras guarniciones apoyaron el asalto. Los periódicos centralistas reaccionaron contra el afán indepentista catalán, avivando la tensión. Con este panorama, Montero Ríos convocó un Consejo de Ministros con carácter de urgencia en el que se aprobó la suspensión de las garantías constitucionales de la ciudad condal. Pero las consecuencias no fueron se limitaron a Cataluña, ya que Montero Ríos propuso destituir a los capitanes generales involucrados, lo cual no aceptó el general Weyler, Ministro de la Guerra, lo que acabó con la presentación de la dimisión al Rey por parte del Presidente del Gobierno.
La prensa también jugó un papel muy importante. Los periódicos catalanes se posicionaron a favor de sus paisanos y los madrileños se pusieron de parte del ejército, acusando a los catalanes de separatistas. Pero los más partidistas fueron, como era de esperar, los diarios “militarizados” que eran multitud en la época (Diario de la Marina, Correo Militar, Correspondencia Militar, El Ejército Español, La Unión Militar…) a pesar de la circular de 1888 que prohibía a los militares de fundar, poseer o dirigir periódicos. Además, casi todos las publicaciones reprodujeron la viñeta, lo que dió una gran repercusión al asunto.
Estas fueron las consecuencias inmediatas, pero hubo muchas más. La caricatura afecó a las instituciones. Al poder Ejecutivo, al desencadenar una crisis gubernamental que acabó con la dimisión de los liberales; y al Legislativo, al propiciar la aprobación del proyecto de la Ley de Jurisdicciones, que provocó la salida del Congreso de los diputados periodistas y de la minoría catalana. Finalmente, todos los partidos políticos catalanes decidieron unirse en un sólo partido para hacer frente al poder central: Solidaridad Catalana.
Pero la secuela más importante de este episodio fue la promulgación de la Ley de Jurisdicciones (22 de marzo de 1906). Esta ley ponía bajo jurisdicción militar las ofensas orales o escritas a la unidad de la patria, la bandera y el honor del ejército. Varios de los artículos suponían un importante recorte a las libertades públicas, en particular a la libertad de expresión. Curiosamente fue un gobierno liberal el que promulgó la ley, y esta fue motivo de discordia en el Consejo de Ministros, y motivo de que Moret presentara varias veces su dimisión ante el Rey. Pero esta ley se mantuvo vigente hasta que Azaña la derrogó en 1931.
A partir de este momento, la Monarquía adopta un carácter militarista, ya que el Ejército se inmiscuye totalmente en la vida política. Después de esta ley, se crean las Juntas de Defensa, que acaban con el golpe de estado de Primo de Rivera y su dictadura.