Newest Posts

Mi participación en Show Me The Blogguer

Internet nos brinda oportunidades que de otra manera no seríamos capaces de imaginar siquiera. El mundo 2.0, la blogosfera española, está llena de talento y de buenas personas detrás de la mayoría de las bitácoras. Eso se ha propuesto enseñarnos “Show Me The Blogguer”.

Este fin de semana se lleva a cabo en Barcelona el primer “reality” online que se realiza en España. Ocho participantes en una casa de lujo proporcionada por lor patrocinadores del evento, Visit All The World y un cartel de actividades muy completo para todo el tiempo que pasemos juntos hacen de esta una experiencia muy apetecible.

Aún hay mucha incertidumbre entre los seleccionados por que experiencias viviremos durante este fin de semana. Pero eso sólo lo hace aún más emocionante. La mezcla de todos los concursantes será, con total seguridad, lo mejor del evento.

Espero que sigais mi paso por el concurso a través de mi Twitter y de mi Facebook, y que estéis atentos para cuando “necesite” de vuestra colaboración al otro lado de la pantalla.

También podéis seguir a todos los demás participantes en Twitter con el hastagh #SMTB

La viñeta que hizo tambalearse a España en 1905.

El 23 de Noviembre de 1905 sale a la venta el número 204 de la revista satírica ¡Cu-Cut!.
En él aparecía publicada esta viñeta de Joan Junceda.

AL FRONTÓN CONDAL - ¿Qué se celebra aquí, que hay tanta gente? - El Banquet de la Victoria. - ¿De la victoria? Ah, vaya, serán paisanos.


Dos días después, el 25, tropas del ejército asaltaron la redacción de la revista junto con la de La Veu de Catalunya, el periódico en catalán del mismo grupo y de la misma ideología.

Este asalto dio lugar a una cadena de sucesos que desencadenó muchos cambios en España,  como la creación de la Ley de Jurisdicciones, la dimisión de dos presidentes del gobierno y, en última instancia (aunque alejada en el tiempo y derivada también de otros factores) la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Pero para entender estos acontecimientos hay que situarse en el contexto político de la España de principios del siglo XX:

Las Fuerzas Armadas españolas vivían una mala época  después de la pérdida de las colonias de Ultramar. La relación con la prensa estaba en uno de los momentos más tensos, especialmente con la prensa catalana. Existía un clima antimilitarista provocado por la guerra de Cuba y Filipinas, en el que la ciudadanía veía como se perdían vidas y mucho dinero en una contienda que realmente no les importaba. Eran frecuentes los asaltos de los militares a las redacciones , y la reclamación por parte de estos al Gobierno de una ley más dura y reguladora de la libertad de expresión.

En los días anteriores a la publicación de la viñeta, Cataluña vivía unas jornadas de exaltación nacionalista por el triunfo conseguido por la Lliga Regionalista en las elecciones municipales. El dibujo publicado se refería exactamente al banquete de celebración que organizó la Lliga en el Frontón Condal, y la respuesta “Ah, vaya, serán paisanos” es una clara alusión a que España no tenía nada que celebrar.

Esta fue la gota que colmó el vaso del ejército, que asaltó las instalaciones de las publicaciones vinculadas a la Lliga, quemando y destrozando todo a su paso. El conflicto incluso se extendió a las Ramblas. Al día siguiente el conflicto llegó a toda España cuando los capitanes generales de otras guarniciones apoyaron el asalto. Los periódicos centralistas reaccionaron contra el afán indepentista catalán, avivando la tensión. Con este panorama, Montero Ríos convocó un Consejo de Ministros con carácter de urgencia en el que se aprobó la suspensión de las garantías constitucionales de la ciudad condal. Pero las consecuencias no fueron se limitaron a Cataluña, ya que Montero Ríos propuso destituir a los capitanes generales involucrados, lo cual no aceptó el general Weyler, Ministro de la Guerra, lo que acabó con la presentación de la dimisión al Rey por parte del Presidente del Gobierno.

La prensa también jugó un papel muy importante. Los periódicos catalanes se posicionaron a favor de sus paisanos y  los madrileños se pusieron de parte del ejército, acusando a los catalanes de separatistas. Pero los más partidistas fueron, como era de esperar, los diarios “militarizados” que eran multitud en la época (Diario de la Marina, Correo Militar, Correspondencia Militar, El Ejército Español, La Unión Militar…) a pesar de la circular de 1888 que prohibía a los militares de fundar, poseer o dirigir periódicos. Además, casi todos las publicaciones reprodujeron la viñeta, lo que dió una gran repercusión al asunto.

Estas fueron las consecuencias inmediatas, pero hubo muchas más. La caricatura afecó a las instituciones. Al poder Ejecutivo, al desencadenar una crisis gubernamental que acabó con la dimisión de los liberales; y al Legislativo, al propiciar la aprobación del proyecto de la Ley de Jurisdicciones, que provocó la salida del Congreso de los  diputados periodistas y de la minoría catalana. Finalmente, todos los partidos políticos catalanes decidieron unirse en un sólo partido para hacer frente al poder central: Solidaridad Catalana.

Pero la secuela más importante de este episodio fue la promulgación de la Ley de Jurisdicciones (22 de marzo de 1906). Esta ley ponía bajo jurisdicción militar las ofensas orales o escritas a la unidad de la patria, la bandera y el honor del ejército. Varios de los artículos suponían un importante recorte a las libertades públicas, en particular a la libertad de expresión. Curiosamente fue un gobierno liberal el que promulgó la ley, y esta fue motivo de discordia en el Consejo de Ministros, y motivo de que Moret presentara varias veces su dimisión ante el Rey. Pero esta ley se mantuvo vigente hasta que Azaña la derrogó en 1931.

A partir de este momento, la Monarquía adopta un carácter militarista, ya que el Ejército se inmiscuye totalmente en la vida política. Después de esta ley, se crean las Juntas de Defensa, que acaban con el golpe de estado de Primo de Rivera y su dictadura.

La mejor guerra de la historia.

Noviembre de 1809. España esta sumida en plena guerra de Independencia contra Francia. En ese momento, Dinamarca y los galos eran países aliados, y la autoridad competente española, la Junta Suprema Central, acuerda romper, mediante la publicación de un Real Decreto, toda comunicación con Dinamarca. Se mandó imprimir dicho Decreto así como el de su comunicación inmediata a todas las instancias oficiales, enviando una misiva a todos los consistorios. Una vez recibida dicha comunicación, en el ayuntamiento de Huéscar, y analizando las causas y los hechos ocurridos, se acuerda, en sesión plenaria del día 11 de Noviembre de 1809, declarar la guerra a Dinamarca.

Si bien España realmente nunca combatió contra Dinamarca y se formalizó la paz al término de la contienda contra Napoleón, a Huéscar o no llegaron las noticias o se olvidó el tema.

En 1981 D. Vicente González Barberán descubre en el trascurso de una de sus investigaciones sobre la historia de este pueblo granadino la declaración de guerra.

La historia fue publicada en la revista de información comarcal “La Sagra”, en la sección de las páginas de Historia. Al ser una investigación curiosa, fue publicada también por el Diario de Granada, y el diario YA recogió el testigo, haciendo que saltara a la agencia EFE, que lo difundió entre los demás medios españoles. Finalmente, los diarios daneses Politiken y Billed-Bladet desplazaron al pueblo a sus enviados especiales.

Y teniendo en cuenta que una guerra no finaliza hasta que se ha firmado la paz, había que acabar con esta anacrónica situación. Para ello, en sesión plenario del 7 de Julio de 1981 se acuerda iniciar un proceso de negociaciones con las autoridades danesas con objeto de restablecer la paz entre ambos pueblos ya que esta situación podría ser un inconveniente si España decidiera ingresar en la OTAN.
Por otra parte, el embajador de Dinamarca en España en aquellas fechas, Mogens Waldel Petersen, dirigió una carta al redactor de Ideal, D. Rafael Guerrero, en el que con buen sentido de humor, estimaba que nunca era tarde para zanjar el “belicoso asunto” y prometió realizar una visita a la población oscense.

La visita se produjo el 11 de Noviembre de 1981, 172 años después de haberse declarado la guerra, día elegido para firmar por ser también el aniversario de la declaración bélica, y día también elegido para celebrar todos los años la Fiesta de la Paz.

172 años. La guerra más larga en la que ha participado España, y ninguna víctima, ni ningún daño colateral.
Las guerras y las heroicidades son muy bellas cuando son de mentirijillas.

El “soldado alemán ideal” era medio judío.

Con 20 años, el alemán Werner Goldberg era parte del ejército que invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. Este berlinés participó en la triunfal Blitzkrieg. Durante aquella primera invasión, un fotógrafo militar se acercó al joven y le tomó una fotografía. Sus rasgos faciales (los ojos claros, nariz rectilínea, barbilla ligeramente partida, pelo claro) hacían del suyo un rostro modélico. Era el ejemplo perfecto de la cara de la raza aria.

Por ello. el fotógrafo del ejercito vendió la foto a la prensa y días después su foto salió publicada por el diario Berliner Tageblatt acompañada del titular El Soldado alemán ideal.

Tiempo después, incluso Goebbels llegó a usar el retrato colocándolo en los carteles de reclutación nazis con ese mismo pie de foto, que inundaron toda Alemania.

Pero todos desconocían el origen de este soldado, e incluso que su apellido era Goldberg, un apellido judío común.
Werner, que había sido bautizado por el rito luterano al nacer, fue expulsado del colegio con 14 años por ser Mischlinge, un mestizo, de acuerdo con las Leyes de Nuremberg, promulgadas por Hitler en 1935. Él mismo desconocía que era medio judío, se enteró cuando el nuevo director de su centro le expulsó porque su apellido sonaba a judío, a lo que respondió: “No sé, tendré que preguntarlo en casa”

Resultó que sí era mestizo. Su padre había crecido como miembro de la comunidad judía, pero después fue bautizado por la iglesia luterana y se casó con una cristiana.

Y según las Leyes de Nuremberg un volljude (judío en la terminología nazi) era una persona que, independientemente de su religión o identificación personal, tenía al menos tres abuelos judíos. Incluso con dos abuelos judíos eras Mischlinge de primer grado y con uno Mischlinge de segundo grado.

Pero Werner logró unirse al ejército alemán (al igual que otro 150.000 judíos) el 1 de diciembre de 1938, después de 6 meses tejiendo cruces gamadas en los uniformes nazis.
Otra Estrella de David luchando bajo una esvástica.
Finalmente, dejó el ejército tras otra orden de Hitler en la que expulsaba a todos los judíos de ejército el 8 de abril de 1940, pero sobrevivió la II Guerra Mundial y falleció en Berlín el 28 de septiembre de 2004.

Por suerte para el Ministro de Propaganda, Hitler nunca llegó a enterarse de los orígenes de Werner, aunque fue Goebbels el que dijo: Wer Jude ist bestimme ich (Yo decido quién es judío).

La historia está plagada de contradicciones.

Cortázar y las mariposas migratorias.

El ojo que todo lo vió.

El nacimiento de Cortázar no pudo ser casual. Nació en Bélgica, ya lejos de su Argentina y sin embargo en su territorio, ya que su nacimiento tuvo lugar en la embajada argentina.

Es dificil no creer en estas casualidades después de leer a Cortázar, y más teniendo un comienzo como este, que ya parece condicionar la vida del escritor observando este hecho con la perspectiva que nos dan los años, su vida y su muerte.

Y es en su muerte cuando se produce una historia que me maravilla, y que pone el broche de oro a una vida que ojalá no hubiera tenido fin.

El maestro Cronopio falleció el 12 de febrero de 1984. Un domingo, en París.
Ese mismo día, a 11.063 Kilómetros, en Buenos Aires, tuvo lugar un hecho inédito en su historia. Una invasión de mariposas.

Al dís siguiente, los científicos explicaron que una ola de calor especialmente alta en una zona rural al norte de Buenos Aires originó una migración parcial de las mariposas en busca de frescor, y que miles y miles de ejemplares fueron sumándose en el trayecto hasta llegar a la capital argentina, originando esta invasión de cientos de miles de mariposas.

Este fenómeno, del que no se tenía constancia historicamente hasta ese día, no se ha vuelto a repetir. Y ha habido en Argentina veranos mucho más calorosos que áquel de 1984. Nadie relacionó en áquel momento aquella migración con el deceso de Cortázar, y poco apareció en los medios sobre esto, tratándolo de una mera curiosidad científica.

Julio con su cámara de fotos y su gato Teodoro W. Adorno.

Para el escritor hubiera sido normal, porque él amaba las mariposas desde niño, y eso es algo que se aprecia en su obra.
Además, para Julio, la intervención de elementos fantásticos en la más rutinaria de las normalidades era una de las claves de su narrativa. Que una ciudad que amó y sigue amando, (no hay como observar las numerosas pintadas que aparecieron por las calles bonaerenses durante el corralito con el mensaje ¡Volvé, Julio! ¿Qué te cuesta?) a este escritor resultase invadida por los insectos más hermosos el día de su muerte es una de esas casualidades que se dedicó a buscar y a desgranar durante una gran parte de su vida.

El hombre que quiso derribar el sistema con 15.000 dólares.

La teoría frente a la práctica. La buena intención contra la realidad.
Media vida luchando contra un sistema usando sus propias reglas.

La vida de Harold L. Hume no fue fácil.
Promesa de la literatura en su juventud, fundador de la revista The Paris Rewiew y gran orador, Harold lo tenía todo. Había publicado dos novelas (Ciudad subterránea y Los hombres mueren) y entonces, justo cuando comenzaba a labrarse una reputación, se esfumó. Desapareció del mapa literario.

Existen dos versiones de su caída a la locura. La primera cuenta que en Londres, en 1966, tomó una gran cantidad de LSD y se volvió paranoico. La segunda, más amable, habla de una serie de desgracias y reveses. Un divorcio y diversas estancias en hospitales psiquiátricos acompañadas de tratamiento de electroshock hicieron que no pudiera volver a escribir, según él, obligado por razones físicas: Cada vez que cogía una pluma se le empezaban a hinchar las piernas, causándole un dolor insufrible.

Con la palabra escrita impedida, el discurso era el único medio para llegar a la masa. Cuando regreso a EE.UU. en el 69, se reinventó a si mismo como un “gurú”, vagando entre los campus de Columbia, Princeton, Bennington y Harvard. Se llamaba a sí mismo “Doc” y así se dió a conocer entre la juventud que acudía a él fascinados por su mezcla de erudición y de enfermedad mental.

Ese mismo año, Doc recibió en herencia de su padre 15.000 dólares.
En su teoría, ese dinero le bastaría para derrocar al gobierno de la nación.

Todo era muy sencillo, antes de dilapidar el dinero, Doc se propuso regalarlo. No de golpe, no a obras benéficas y no a una persona, sino a todo el mundo. Cobró el cheque, convirtiéndolo en 300 billetes de 50 dólares. Con aquellos retratos de Ulysses S. Grant en el bolsillo, Doc se presentaría ante sus compañeros de conspiración para desencadenar la mayor revolución económica de la historia. Él insistía en que el dinero “es una ficción, papel sin importancia que sólo adquiere valor porque un gran número de personas deciden dárselo”.

Para Doc el sistema se basaba en la fe, no en la verdad o en la realidad, sino en nuestra creencia colectiva, y tenía como objetivo socavar esa fe a base de hacer que un gran número de personas comenzara a dudar del sistema. Los billetes que entregaba no eran sólo un regalo, sino un arma para luchar por un mundo mejor. Quería dar ejemplo con su despilfarro, demostrar que era posible el desencanto y romper el hechizo que el papel verde ejercía sobre sus conciudadanos.

Cuando entregaba un billete, daba instrucciones de que el dinero debía ser gastado cuanto antes. Gastado, regalado, pero puesto en circulación, informando al siguiente portador de que hiciera lo mismo, a fin de provocar una reacción en cadena que acabaría con el status quo.

Harold también alentó a los conspiranoicos informando sobre el sistema informático Fido (una red de ordenadores subterránea interconectada y controlada por el Gobierno). Finalmente, falleció de cáncer en 1992, descubriéndose después que realmente el Gobierno de EE.UU. había estado vigilando a Doc desde 1948 a 1977.

Tal vez su paranoia no era tan irreal como cabía imaginar.

Que la cumpla, Delibes, que la cumpla.

La frase que, supuestamente, Miguel Delibes tenía preparada para su epitafio era “Espero que Cristo cumpla su palabra.”

Que la cumpla, porque si no la cumple, ¿Qué nos queda a los demás? Si cuando un genio nos abandona no puedes tener la certeza de que una vida de obras sublimes no va a ser recompensada ¿Cómo evitar caer en la desidia?

Pero no tenemos la certeza. Y seguimos adelante, el mundo sigue, con una “e” vacía en la RAE. Con un creador menos entre nosotros. Como si no quedara otra alternativa que la de desearle el cielo.

En 2007, con motivo de su 87 cumpleaños, decía Delibes en una entrevista:  “No deseo más tiempo. Doy mi vida por vivida.” Pero la vida le regaló 2 años y medio más. Que seguro que él aprovechó para seguir sembrando la sabiduría que había cultivado toda la vida, en aquéllos campos de Castilla que tanto le gustaban. Esos campos que recorría y que nos hacía recorrer a nosotros de una manera tan detallista y real.

“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”

Pues Miguel, tú ya has dejado tu banalidad en este mundo, bien repartida, para que realmente no se pueda apreciar que nada de lo que dijiste, de lo que escribiste, es banal. Ahora ya eres eterno.

Corre, Miguel, corre con Ángeles. Al encuentro que llevas 26 años esperando. Los demás nos quedaremos aquí, esperando que Cristo cumpla su palabra.

Paul Auster y la literatura que empuja.

Ayer comencé a leer la novela autobiográfica de Paul AusterA Salto De Mata”

No podía haber tenido un mejor comienzo, tanto que no puedo evitar compartilo con vosotros, seleccionando las mejorer partes de las primeras páginas.

La culpa era sólo mía. Mi relación con el dinero siempre había sido imperfecta, enigmática, llena de impulsos contradictorios, y ahora pagaba el precio de negarme a aceptar una decisión clara al respecto. Desde siempre, mi única ambición había sido escribir. Lo sabía desde los dieciséis o diecisiete años, y nunca me había hecho ilusiones de que podría ganarme la vida escribiendo. El escrito no “elige una profesión”, como hace el médico o el policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, y una ves que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida. A menos que se resulte ser un elegido de los dioses (y pobre del que cuente con ello), con escribir no se gana uno la vida, y si se quiere tener un techo sobre la cabeza y no morirse de hambre, habrá que resignarse a hacer otra cosa para pagar los recibos. Yo comprendía todo eso, estaba preparado para ello, no me quejaba. En ese aspecto tuve una suerte inmensa,  y la perspectiva de se pobre no me asustaba. Lo único que quería era una oportunidad de realizar la obra que sentía en mi interior.

La mayoría de los escritores llevan una doble vida. Ganan buen dinero en profesiones normales y se las arreglan lo mejor que pueden para escribir por la mañana temprano, a altas horas de la noche, durante el fin de semana o vacaciones. [...]

Mi problema era que no quería llevar una doble vida. No es que no quisiera trabajar, pero la idea de fichar en algún sitio de nueve a cinco me dejaba frío, totalmente desprovisto de entusiasmo. Con veintipocos años me sentía demasiado joven para sentar cabeza, demasiado lleno de proyectos para perder el tiempo ganando más dinero del que quería o necesitaba. En el aspecto financiero, sólo pretendía arreglarmelas. [...]

Estaba harto de clases, y la perspectiva de pasarme otros cinco o seis años estudiando me parecía un destino peor que la muerte. Ya no quería hablar más de libros, quería escribirlos. No me parecía bien, por principio, que un escritor se refugiase en la universidad, rodeándose de personas afines y viviendo demasiado a gusto. Existía un riesgo de autocomplaciencia, y una vez que cae en ella, el escritor puede darse por perdido.

No voy a justificar las decisiones que tomé. Si carecían de sentido práctico, lo cierto era que yo no pretendía serlo. Lo que deseaba eran experiencias nuevas. Ansiaba salir al mundo y ponerme a prueba, a pasar de una cosa a otra, explorar todo lo que pudiera. Mientras mantuviese los ojos abiertos, me figuraba que todo lo que pasaría sería aprovechable, me enseñaría cosas que ignoraba. Parece una actitud anticuada, y quizás lo fuese. Joven escritor se despide de la familia y amigos y sale hacia un destino desconocido para saber de qué está hecho. Para bien o para mal, dudo que me hubiese convenido cualquier otra actitud.

Tenía energía, la cabeza llena de ideas, y el gusanillo de los viajes. Como el mundo era tan grande, lo último que deseaba era andar con pies de plomo.

Nunca había leído a nadie capaz de explicar esa imperiosa necesidad de escribir que algunos sufrimos.

El retoque como mejora fotográfica.

El fotógrafo Ben Heine parece haberse propuesto demostrar que no es necesario disponer de una buena fotografía para acabar teniendo una buena fotografía. O al menos, llamativa.

Mediante el retoque fotográfico consigue modificar tanto sus fotografías que al resultado final quizás haya que llamarlo Arte Digital en detrimento de la Fotografía.

Podemos ver todo el trabajo de este fotógrafo-ilustrador en su Flickr, su Facebook, y su blog.

Aquí os dejo unas muestras de este peculiar “Making Of”.

¿Hace un buen manejo de las herramientas de retoque digital a un buen fotógrafo?

¿Hasta dónde es ético aprovecharse de estas herramientas, si en el resultado hemos creado una imagen totalmente diferente?

¿Se puede seguir llamando fotografía a la fusión de dos o más fotografías?

Vía NaturPixel

Fugaces pinturas de Pablo Picasso

La genialidad se anticipa por siglos. A día de hoy, en plena moda fotográfica por el Light Painting (técnica consistente en cazar el movimiento de la luz usando un tiempo de exposición prolongado) encuentro unas imágenes del gran archivo fotográfico de Life en las que Pablo Picasso usa esta misma técnica hace 61 años.

Las imágenes las tomo el fotógrafo Gjon Mili en París. Tras enseñar al malagueño unas fotos en las que aparecían los halos de luz que dejaban unas patinadoras con pequeñas bombillas en sus pies, Picasso puse su mente a funcionar y le propuso a Gjon realizar las fotos que tenéis a continuación.

No estoy totalmente seguro de la técnica usada, pero en mi opinión las fotos se realizaron en escenarios totalmente oscuros, con el obturador abierto, y disparando un flash en el último momento, para iluminar al pintor.  En la primera fotografía se aprecia claramente donde estaba colocodo el flash, mientras que en la última Picasso aparece en varias posiciones superpuestas, lo que indica varios flashazos durante la misma toma.

Obras efímeras de un artista inmortal.